La edición del Festival de Mar del Plata de 1997 dejó una marca indeleble en el cine argentino al estrenar Pizza, birra, faso en su Competencia Oficial y al abrir por primera vez una sección de rescate y preservación del patrimonio fílmico. Alejandro Lingenti, al hacer un balance sobre aquel año, escribió en la revista El Amante / Cine que existían dos cines argentinos, en el que el film de Stagnaro & Caetano constituía un cine inteligente, de talento y reflexión. Los albores del “nuevo cine argentino”. Veinte años después, celebrando sus dos décadas, CINAIN presenta su restauración en 4K. Y es un acontecimiento que, como en toda buena celebración, nos permitirá pensar el cine en su dimensión estética, en la importancia de su preservación e, inevitablemente, en sus puntos de contacto con la realidad en nuestro presente.

Se podría trazar una línea histórica entre Pizza, birra, faso y el filme de Martín Rejtman Los guantes mágicos para abordar el nuevo cine argentino, del que sin dudas el nombre de Rejtman ocupa una piedra basal fundamental en la renovación estética y temática de los 90’. Su primera obra, Rapado, fue estrenada en el Festival de Rotterdam en 1992 y tardó cuatro años en ser estrenada en Argentina. Un hecho que sin dudas se explica en las transformaciones de la mirada y los modos de ver tanto de realizadores, de la crítica y de los públicos en nuestro país. Los guantes mágicos consolidó sus presupuestos estéticos y los estilemas autorales del director, con la historia de Alejandro (Vicentico) y una promesa de cambio en su vida, un retrato de la clase media que podría también llevarnos a reflexionar sobre la historia social contemporánea además de la estética fílmica.

Los caracteres modernistas del nuevo cine argentino de aquellos años promovieron estudios audiovisuales historiográficos que lo vincularon con el surgimiento de los nuevos cines en la década de 1960. Es la tesis que plantea Fernando Martín Peña en el volumen reversible Generaciones 60/90 Cine argentino independiente. El público podrá establecer en esta selección de CINAIN qué elementos estéticos se emparentan entre estos dos nuevos cines que distan tres décadas uno de otro. Sin dudas un aspecto anecdótico es singular al establecer lazos con Blow-up, por ej. el deambular sin rumbo de los personajes. Éste, que es un rasgo particular del llamado cine de arte y ensayo presente en el film de Antonioni, sirve para realizar una transposición fílmica del cuento original de Julio Cortázar Las babas del diablo aunque sólo sea el conducto útil para hablar de otra cosa. Si en el cuento de Cortázar se comienza reflexionando sobre una máquina de escribir, en la película de Antonioni se lo hace sobre una máquina fotográfica. Como señaló Susan Sontag, existen películas que no cuentan una historia sino que reflexionan sobre un tema y sobre su variación. La variación aquí está emplazada en los distintos actos fotográficos que realiza Thomas, para reflexionar acerca del estatuto de verdad de la imagen fotográfica y, por extensión, de la imagen fílmica.

Si Blow-up reflexiona sobre la imagen en su carácter ontológico, All that jazz lo hace sobre su carácter espectacular desde otra mirada autoral, la de Bob Fosse ya en los 70’, en el modelo norteamericano del género musical que él mismo supo hacer evolucionar. A paso de danza el filme transcurre entre la vida y la muerte con un show que lo trasciende porque, como dicta la regla, siempre debe continuar. O sobre lo que transcurre entre luces de escenario y entre bambalinas, en las que el coreógrafo organiza estructuralmente el relato de su propia vida como un espectáculo más. Ficción y realidad se cruzan también al identificar algunos aspectos autobiográficos del propio Fosse, lo que en suma ha llevado a algunos críticos a interpretar All that jazz como una versión espectacularizada del film Fellini 81/2.

Dentro de los nuevos cines de los años 60’ también hubo un nuevo cine que persiguió una línea que se apoyó menos en los problemas estéticos que en los políticos. Humberto Solás describió tres importantes etapas de la historia cubana en Lucía, a través de la emancipación de tres mujeres: la Lucía de la época colonial, la Lucía durante la dictadura de Machado y la Lucía de la Revolución.  Junto con Lucía el nombre Camila, ahora en los 80’, también construye una marca distintiva del cine latinoamericano. El filme de María Luisa Bemberg reitera la reflexión sobre el rol de la mujer en el pasado -aquí el del siglo XIX- para re-leer el presente. Basado en hechos reales de la trágica historia de amor entre Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez, permite condenar la violencia de los años previos a su realización pero también la violencia generada por las disputas históricas de poder en nuestro país desde la división entre unitarios y federales. Pero por sobre todas las violencias, la hoy llamada violencia de género, es con la que se enfrentan estos dos filmes que trazan una tradición feminista del cine entre los 60’ y los 80’. En la figura de María Luisa Bemberg debe observarse la promoción de los derechos de la mujer no sólo por su cine sino también por la actividad de La Mujer y El Cine, asociación pionera en la temática que ella misma fundó.

Lucía y Camila intuyen su papel de mujer como objeto pasivo y la mirada del público advierte sobre la violencia patriarcal, léase esto como un acto de toma de conciencia por parte del espectador. Es el efecto cine, el hecho social y cultural de que los públicos se encuentren con las películas. Y justamente hubo dos películas que atravesaron problemas para que eso sucediera. Por un lado, esta se trata de la primera vez se verá Lucía en nuestro país, por otro, recordar la espera que supo tener el Festival en los 60’ por la visita de Michelangelo Antonioni y cuyo film Blow-up no pudo ser estrenado en Argentina, dado que el mismo director no permitió que se proyectara una copia con cortes -producto de la censura- durante la dictadura de Onganía.

En la selección que CINAIN ha realizado para el 32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata el público podrá encontrarse con películas recientemente restauradas que reflexionan sobre el espectáculo fílmico, sobre el papel de la imagen, sobre la historia del cine en los últimos 50 años tanto a través del surgimiento de nuevos cines como el de los 90’ en Argentina o la tradición mundial del cine crítico-expresivo frente al cine-espectáculo, o la política feminista en el cine latinoamericano, entre otros. Para algunos será descubrirlas, para otros será volver a verlas. Re-ver los filmes también permite volver a re-pensarlos, como un ejercicio ineludible de la cinefilia, y de aquellas transformaciones de la mirada y de los modos de ver que se producen tanto en realizadores como en la crítica, pero por sobre todas las cosas, en el público mismo. Que como público pensemos lo estético y reflexionemos sobre el valor patrimonial de las películas, es también que pensemos nuestra historia y su devenir. Es poder pensarnos a nosotros mismos.

Fernando Madedo
Delegado Organizador
Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional
CINAIN

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